Ciudad (1982): ¿Qué sucede cuando todo lo inmutable se convierte en caos?


 Resulta complicado para los que somos urbanitas vivir la agridulce sensación de correr aventuras. La cotidianeidad que día a día se posa en nuestros hombros a partir del minuto en el que el despertador empieza marcando la agenda, nos impide ver la volatilidad de la propia existencia. Nos levantamos, vestimos, aseamos, desayunamos y tomamos el metro para ir a trabajar. Y de vuelta a casa nos sentimos reconfortados porque pensamos que todo está bajo control.

Pero imagina que un día la ciudad se convierte en tu peor enemiga. Que todos los elementos que la envuelven- sus grises muros, su gente alienada y hasta el seto que hacía bonito en medio de tanto gris cemento- forman parte de un complot contra tu supervivencia y se convierten en tus mayores temores. Es por ello por lo que el apocalipsis nos atrae. Porque rompe esa alienación que día a día nos marca la rutina, y que solo puede alterarla el discurso desenfrenado de los informativos. 

Ciudad (1982) del viñetista Juan Giménez y guionista Ricardo Barreiro cuenta la historia de Jean y Kate, dos almas perdidas que un día cualquiera , encuentran su urbe convertida en un laberinto lleno de peligros y sin más posibilidades que la de sobrevivir y seguir vagando por las calles. Una de esas historias del noveno arte que pasó por el transcurso del fanzine underground y hoy es un género de culto que te hace mantener las ganas de leer de tirón y observar cada detalle de un dibujo descuidado, pero no por ello menos inquietante. Sin duda, propicia para recrearse en un apocalipsis. 

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