Robert Johnson: lo del cruce de caminos ocurrió en un hotel
Siempre que se habla de Robert Johnson, solemos poner atención a la mitología que le envuelve, en parte por lo misteriosa que es y por la poca información que hay sobre su figura. Si lo del encuentro con el demonio en un cruce de caminos es cierto o no, no es relevante. Si aquel suceso fue verídico, se dice que ahí nació el Rock and Roll. Pero yo soy más terrenal. Creo que es más importante saber cómo debió ser la sesión de grabación de su álbum King of the Delta Blues Singer. ¿Qué debió pasar en aquella oscura habitación de hotel de San Antonio? Claro, en 1936 no era fácil editar ni hacer las virguerías que hoy se hacen con la música. Un micrófono, un receptor, un disco de 78rpm, una guitarra de viaje, y a cantar. Todo de una toma y sin posibilidad de réplica. Es lo que hay.
La aproximación que proponen Mezzo y J.M Dupondt en su cómic autobiográfico "Love in Vain", me parece muy ilustrativa -normal por otro lado, es un cómic-:
Al parecer, Johnson había escrito algunas canciones poco después del fallecimiento de su esposa e hijo, suceso que le llevo a lanzarse a los caminos y a probar suerte tocando en Juke Joints-olvidados bares de carretera muy frecuentados por la población afroamericana- . Fue ahí cuando se forjó toda esa mitología sobre su encuentro con Satán en un cruce de caminos-. Con quién sí se cruzó fue con H.C. Speir, un contratista musical regente de una tienda de discos que, tras oírle cantar se quedó cautivado por su voz y su manera tocar la guitarra, por lo que decidió grabar Terraplane Blues y unas cuantas canciones más.
De la sesión de grabación se encargó Don Law, productor musical, el cual no tenía problemas en utilizar lugares improvisados para ello. Y así fue como Johnson acabó en la famosa habitación 411 del Hotel Gunter. Según cuentan los autores de la novela gráfica, Johnson tocó de espaldas a su equipo de rodaje, de la misma manera que acostumbraba hacerlo en sus conciertos por su extrema timidez. Durante 3 días se recogieron 16 canciones de las 27 que un año después se acabaron de grabar en un almacén de Dallas. Como colofón a esta historia, una noche, Johnson salió del hotel a celebrar su éxito en uno de esos bares de mala muerte a los que frecuentaba. Su desenfreno le acarreó su detención y una paliza por parte de la policía. Tuvo que ser la mano de Law la que le salvara de pasar una noche en los calabozos.
Se dice que el R&R nació con Robert Johnson. A mí no me gusta hacer responsable a nadie de algo que es muy difícil delimitar. Primero porque una corriente musical -o cultural, ya que este estilo se ha convertido en algo más que música- es un proceso en el que todos ponen de su parte, y segundo, porque hasta Robert Johnson tenía sus propias influencias- y no, no me estoy refiriendo al demonio-.
Está claro que artistas como Skip James ya usaban esas narrativas de despecho, desenfreno y con el demonio como protagonista, al mismo tiempo que fabricaban aquel sonido entrecortado y frenético que se iba alejando poco a poco del blues.
Sea como sea, necesitamos de mitos para crear escuela. Pero si yo tuviera que elegir dónde ocurrió ese cruce de caminos, diría que en aquel hotel Gunter en noviembre de 1936.


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